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EL PAIS AZUL

Sobre la Tercera Edad


¿Quiénes están alerta los domingos a las 7 am? Dicen que sólo la gente adulta, pues la juventud se desveló la noche anterior. Para todas ellas y ellos, que con orgullo llevan la tercera edad, el siguiente artículo. Le recordamos que cada primer domingo de mes nos acompañan líderes de la Fundación Nicaragüense de la Tercera Edad (FUNITE)

Saludos,

Marthace y Mario Fulvio 

Por el Dr. Gene Cohen

NUEVA YORK (Newsweek) edición del 16 de enero - Hace años me sorprendí cuando me di cuenta de que mis colegas pensaban que estaba atravesando por una especie de crisis en mi madurez. Era la época en que me estaba acercando a los 50 años y, después de dos décadas como geriatra, había desarrollado una nueva pasión: diseñar juegos para personas mayores. Mi primer juego, desarrollado con la ayuda de Gretchen Raber, resultó finalista en un concurso internacional. Aunque todavía tenía mi trabajo formal como director del Centro de Envejecimiento, Salud y Humanidades de la Universidad George Washington, empecé a trabajar con ahínco en el desarrollo de otro juego para adultos mayores.

 

A manera de broma, un amigo neurólogo me preguntó un día que si había echado a un lado la tendencia analítica y lógica del hemisferio izquierdo del cerebro para dejarme arrastrar por las tendencias más creativas y menos disciplinadas del lado derecho del cerebro. Pero, en realidad, no estaba descartando nada. Como investigador, me había pasado años documentando los beneficios psicológicos del juego intergeneracional. Y ahora estaba usando ambos lados de mi cerebro para crear nuevas oportunidades para mí mismo.

 

En vez de sólo cuantificar y estudiar los beneficios de la estimulación mental, estaba hallando formas creativas de poner mis hallazgos a funcionar. Y lo que mis amigos percibían como una crisis era, en realidad, el comienzo de una nueva fase en mi vida.

 

Al pensar en esta experiencia me he percatado de que nuestra visión del desarrollo humano en la segunda mitad de la vida es completamente obsoleta. Tenemos la tendencia de pensar en el proceso de envejecimiento en términos completamente negativos. Incluso, hay muchos expertos que definen el "éxito" en el envejecimiento como la capacidad de lidiar con del deterioro físico y mental.

 

¡Tonterías!

 

Nadie puede negar que envejecer presenta ciertos desafíos y algunas pérdidas. Pero hallazgos recientes en el campo de la neurociencia han mostrado que el cerebro es mucho más flexible y adaptable de lo que pensábamos.

 

Varias investigaciones han indicado que ambos hemisferios cerebrales se integran mejor durante la edad media, lo que facilita la creatividad del individuo. La edad también parece mitigar ciertas emociones negativas y, además, muchos estudios han confirmado la teoría de "úsalo o piérdelo", lo que implica que el cerebro se fortalece con el uso y los desafíos. En resumen, la edad media es una época de nuevas posibilidades y el proceso de envejecimiento puede estar plagado de experiencias positivas. La clave está en reconocer nuestro potencial y nutrirlo, desarrollarlo.

 

Hasta hace poco, la comunidad científica prestaba poca atención al desarrollo psicológico en la segunda mitad de la vida, mientras que otros, que sí prestaron atención a esta etapa, a menudo llegaron a conclusiones erróneas.

 

"Alrededor de los 50 años", escribió Sigmund Freud en 1907, "ya escasea la elasticidad en los procesos mentales, de la que depende, como regla, el tratamiento. Las personas mayores no se pueden educar".

 

Freud, quien escribió esto cuando tenía 51 años y produjo algunos de sus mejores trabajos después de los 65, no fue el único científico importante en confundirse con el proceso de envejecimiento. Jean Piaget, el destacado psicólogo francés, supuso que el desarrollo cognoscitivo se detenía durante los primeros años de la adultez con la adquisición del pensamiento abstracto. Incluso Erik Erikson, quien delineó ocho etapas del desarrollo psicológico, sólo dedicó dos páginas en su libro "Identidad y el ciclo vital" a este asunto.

 

Mi trabajo comenzó mucho después de que estos titanes del pasado ya se habían marchado.

 

Mediante estudios que involucraron a más de 3.000 adultos, pude identificar cuatro fases diferentes del desarrollo que se sobreponen en períodos de 20 años comenzando a principio de los 40, que es cuando ocurre una reevaluación de la vida (entre los 40 y los 65) y solemos establecer nuevas metas y prioridades.

 

Luego viene una fase de liberación ( 55 a 75), en donde se eliminan inhibiciones pasadas para expresarnos de una forma más libre. Asimismo, hay una fase de resumen (entre los 65 y los 85), cuando comenzamos a repasar nuestras vidas y nos concentramos en devolver el bien recibido; y una fase de repetición (a partir de los 75 años) en la que nos afirmamos y expresamos camaradería ante las adversidades y las pérdidas.  He preferido llamarles "fases" en vez de "etapas", porque la gente cambia drásticamente en los últimos años de su vida. Además, todos no atravesamos estas fases al unísono, aunque hemos visto a miles de personas mayores pasar por ellas, cada una impulsada por un conjunto único de ideas y motivos.

 

¿Qué provoca esta serie de cambios? ¿Por qué, después de haber hallado nuestro lugar en el mundo, tantos de nosotros nos pasamos los 40s y los 50s reevaluando nuestras vidas?

 

El estímulo se deriva en parte de una conciencia cada vez más creciente de nuestra propia mortalidad. A medida que las décadas se desvanecen ante nuestros ojos y nos percatamos de cuán poco tiempo nos queda, obtenemos una nueva perspectiva de quienes somos y qué es lo que verdaderamente nos interesa.

 

Este despertar no suele ser fácil ni agradable, pues a menudo revela conflictos entre la vida que hemos llevado y la que nos hubiera gustado vivir. Sin embargo, sólo el 10 por ciento de las personas que he estudiado ha descrito la transición hacia la edad media como una crisis. Muchos han dicho que se han sentido invadidos por una nueva sensación de investigación y descubrimiento personales.

 

"Ahora voy a estudiar lo que siempre quise estudiar", me dijo una mujer de 50 años. "Estoy cansada de trabajar según la visión de otros en vez de la mía".

 

Mientras transformamos nuestra perspectiva, la edad también remodela nuestro cerebro y esto nos deja mejor equipados para alcanzar nuestros sueños. La diferencia primordial entre un cerebro viejo y uno joven es que el primero ha adquirido más conocimientos que el segundo. A lo largo de la vida, nuestros cerebros han codificado pensamientos y recuerdos formando nuevas conexiones neuronales. Las propias neuronas pueden perder con la edad cierta rapidez en el procesamiento de información, pero se comunican de manera más eficaz.

 

El cerebro de una persona de 50 años, mentalmente activa,  parece un bosque denso con ramas que se entrelazan. Esta densidad refleja un conocimiento más profundo y un mejor raciocinio. Es por eso que la edad juega un papel tan importante en profesiones como la edición, el derecho, la medicina, la enseñanza y la gerencia. No hay sustituto para la experiencia y el conocimiento adquiridos a través de una vida.

 

Pero el conocimiento y la sabiduría no son los únicos frutos de la vejez. Nuevos estudios indican que nuestros cerebros se conectan mucho mejor y sus bifurcaciones se tornan menos rígidas.

 

Como dije anteriormente, nuestro cerebro se compone de dos estructuras separadas: un hemisferio izquierdo y otro derecho, vinculados por un conjunto de fibras que recibe el nombre de cuerpo calloso.

 

En la mayoría de las personas, el hemisferio izquierdo se especializa en el habla, el lenguaje y el razonamiento lógico, mientras que el hemisferio derecho interviene en actividades más intuitivas, como el reconocimiento de un rostro y la lectura de signos emocionales. Sin embargo, científicos han descubierto recientemente en estudios hechos con equipos de tomografía por emisión de positrones (PET, por sus siglas en inglés) y de imágenes por resonancia magnética, que este patrón cambia con la edad.

 

A diferencia de los adultos jóvenes, que procesan la mayor parte de las tareas en una parte del cerebro o en la otra, los adultos mayores tienden a usar ambos hemisferios.

 

El neurocientífico de la Universidad de Duke, Robert Cabeza, ha bautizado este fenómeno como Reducción Hemisférica Asimétrica en Adultos Mayores (HAROLD, por sus siglas en inglés) y, según sus estudios, esto no parece ser una casualidad.

 

En un estudio realizado en el 2002, Cabeza asignó un conjunto de tareas para la memoria a tres grupos de personas.

 

Un grupo estaba compuesto por adultos jóvenes, otro por adultos mayores con la capacidad cognoscitiva un tanto deteriorada y, el tercero, por adultos mayores mentalmente activos. Como ocurrió con los jóvenes, los adultos del segundo grupo utilizaron principalmente una parte de la corteza prefrontal para realizar las tareas. Sin embargo, los adultos del tercer grupo las llevaron a cabo utilizando ambos hemisferios cerebrales.

 

Aún nadie sabe exactamente qué significa esto, pero los hallazgos sugieren que los cerebros saludables tienden a compensar cualquier deterioro causado por la edad expandiendo su red neuronal a ambos hemisferios. Mis propios estudios indican que, además de mantenernos alertas, esta integración neuronal nos facilita el reconocimiento de nuestros pensamientos y sentimientos. Cuando uno oye a una persona mayor decir:"Mi cabeza me indica hacer esto, pero mi corazón me indica lo otro". Ese individuo está reaccionando como un joven de 20 años en vez de como actuaría uno de 50.

 

Uno de mis pacientes, un hombre de 51 años, recuerda la agonía que experimentaba a sus 20 años cuando tenía que tomar una decisión. En cambio, cuando cumplió los 40s y los 50, comenzó a sentir mayor confianza en sí mismo. "Ahora mis decisiones son más subjetivas", dijo en una sesión de terapia, "pero me siento más cómodo con muchas de las decisiones que tomo".

 

A medida que nuestros cerebros se tornan más flexibles y más sabios, también se vuelven más ecuánimes. Nuestras emociones están arraigadas en un conjunto de estructuras neuronales, conocidas como el sistema límbico. Algunas de nuestras emociones más negativas se originan en las amígdalas cerebrales, un par de estructuras límbicas con forma de almendras que se hallan en el centro del cerebro y monitorean datos sensoriales para detectar señales de problemas.

 

Al primer indicio de amenaza, las amígdalas lanzan impulsos que pueden alterar la conducta antes que la conciencia. Por eso nuestros corazones laten más rápido cuando un extraño se nos acerca en medio de la noche y por lo que a veces sobre reaccionamos al menor signo de enojo de otra persona. Sin embargo, con los años las amígdalas parecen dulcificarse.

 

En estudios cerebrales, los adultos mayores han mostrado menos evidencia de miedo, ira y odio que los jóvenes. Investigaciones psicológicas han confirmado esta impresión y han demostrado que los adultos mayores son menos impulsivos y menos proclives a los pensamientos negativos.

 

Conozco al editor de una publicación en Nueva York, cuyo caso sirve para ilustrar esto perfectamente.

 

Este hombre es un sesentón largo y ya está pensando en la jubilación, pero es ahora que se ha dado cuenta de que ha madurado en su profesión. A pesar de haber sido un individuo de gran capacidad intelectual, con una pasión desmedida por la excelencia periodística, este editor ha pasado la mayor parte de su vida profesional alienando a otros con comentarios rudos y exageradamente críticos que demostraban una carencia de sensibilidad hacia los sentimientos de los demás.

 

Sin embargo, hace poco me confesó durante un almuerzo que finalmente había empezado a perfeccionar el arte de las comunicaciones interpersonales. En la medida en que su desarrollo emocional empezó a ceder a su desarrollo intelectual, este hombre se ha transformado en profesor y mediador de conflictos. "Me siento diferente", me dijo con una sonrisa. Ahora sabe que su mejor trabajo, el de formador de periodistas y escritores, acaba de comenzar.

 

Está claro que el cerebro que envejece es más elástico, adaptable y capaz de lo que creíamos. Pero esto no significa que podemos sentarnos a esperar que las cosas favorables nos caigan del cielo.

 

Varios estudios han identificado diversos tipos de actividades que pueden, si se practican con regularidad, ayudar a aumentar la claridad, la potencia y la sutileza del cerebro durante el proceso de envejecimiento.

 

El ejercicio físico. Numerosos estudios han hallado un vínculo entre el ejercicio físico y el mejor funcionamiento cerebral. Esto se cumple especialmente cuando se hacen ejercicios aeróbicos, es decir, actividades rítmicas y continuas que ponen a trabajar a las grandes masas musculares del cuerpo. El efecto positivo puede derivarse del aumento del flujo de sangre al cerebro, la producción de endorfinas, la mejor filtración de los productos de desecho cerebrales y un incremento de la concentración de oxígeno en el cerebro.

 

Ejercicio mental. El cerebro es como un músculo. Si lo usas se fortalece. Si lo dejas reposar se pondrá flojo. Busca algo que te guste y te resulte desafiante, y no te sorprendas si toda vez que comienzas quieres hacer mucho más. Por ejemplo, una mujer de 83 años a la que entrevisté recientemente me dijo que estaba muy ocupada con su tesis doctoral.

 

Busca actividades recreativas que resulten un desafío para ti. Estudiar un doctorado no es la única forma de mantener tu cerebro en forma. Un estudio realizado en el 2003 identificó cinco actividades recreativas asociadas con un riesgo menor de desarrollar demencia senil y de experimentar deterioro mental. En orden de impacto, las principales actividades fueron bailar, jugar juegos de cancha, tocar instrumentos musicales, realizar crucigramas, aprender un idioma extranjero, y leer.

 

La disminución del riesgo se ha vinculado a la frecuencia de la participación en estas actividades. Por ejemplo, las personas mayores que realizan crucigramas cuatro veces a la semana tienen un 47 por ciento menos de riesgo de demencia senil, en comparación con quienes sólo lo hacen una vez por semana.

 

Trata de lograr maestría en algo. Investigaciones sobre envejecimiento han hallado que una variable clave en la salud mental es "la sensación de control" de alguna actividad. A partir de la edad media, la gente que se siente en control de las labores que realiza suele ser más saludable que las que no se sienten así.

 

Las posibilidades para lograr la maestría en algo son ilimitadas, desde tocar un instrumento musical hasta aprender un nuevo idioma, pintar y aprender a bordar. Además, esta sensación de estar en control de algo puede fortalecer el sistema inmunitario.

 

Establece una fuerte red social. Numerosos estudios han vinculado las actividades sociales a una mejor salud física y mental, así como a menores índices de muerte prematura. La gente que mantiene relaciones sociales durante la segunda mitad de su vida, tiene mejor presión sanguínea y corre menor riesgo de sufrir accidentes cerebrovasculares. Las relaciones sociales también disminuyen el grado de estrés y sus efectos perjudiciales, incluidas la ansiedad y la depresión.

 

El cerebro es como la base de un edificio, que proporciona el sustrato físico de nuestra mente, nuestra personalidad y nuestro sentido de identidad. Como hemos visto, el cerebro es capaz de adaptarse, de desarrollarse y de hacerse más complejo e integrado con los años. A medida que nuestro cerebro madura y evoluciona, también crecen nuestro conocimiento, nuestras emociones y nuestra capacidad de expresión.

 

De hecho, lo que hacemos con estas destrezas también afecta al cerebro, pues forja nuevas conexiones necesarias para el desarrollo psicológico ulterior.

 

Si logramos avanzar más allá del mito de que ocurre un deterioro mental con la edad, todavía podremos lograr grandes empresas.

 

Tener éxito en la vejez no se relaciona con saber lidiar con el envejecimiento, sino con saber controlar y poner a funcionar el enorme potencial que todos tenemos para seguir desarrollándonos, amando y siendo felices.

 

Enlace relacionado: 

http://www.tercera-edad.org/

 

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